Natalia compareció como testigo de la defensa y, ante su señoría, dijo que su compañero era encantador y que le había contado lo histérica que era su ex mujer.
En su declaración, él negó los insultos, las vejaciones y las patadas y puñetazos que su ex mujer relató en el turno de la acusación.
Y así, el juicio, sin moratones ya, acabó en sentencia: inocente.
Sin embargo, cuatro meses después, sonó el timbre de la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas. Era Natalia.